El oro subió 35% en un año. Conviene leerlo al revés: no subió el oro, bajó el dólar. Y con él, las monedas que durante décadas llamamos fuertes. La pandemia dejó a los soberanos sobreendeudados. Los déficits no se corrigieron, el gasto militar y climático creció, y el costo de intereses subirá con las tasas. Hay tres salidas: impuestos, recorte de gasto o imprenta. La imprenta es la de menor resistencia política, y de ella salen la inflación y la devaluación. No es solo el dólar: el yen, el euro y la libra esterlina enfrentan la misma aritmética, y el yuan carece de la transparencia de una moneda dura.